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domingo, mayo 18, 2008

Lo que pase en Italia nos incumbe: puede ser el futuro

Marta me ha convencido para incluir aquí este post que publiqué ayer en "De todo un poco". Espero vuestras opiniones al respecto.




Como en un mal sueño político, me he encontrado esta semana con varias noticias referentes a Italia, la inmigración y las relaciones (dialécticas) entre los gobiernos italiano y español.




Para contextualizar el tema, la raíz de todo está en el contenido de esta noticia: cientos de inmigrantes y gitanos son detenidos y puestos a la cola de la expulsión del país. Están "acusados" de diversos delitos menores, pero la noticia no aclara que haya habido ningún tipo de juicio, y yo me decanto por esa opción. Leo con asombro que los italianos echan la culpa de la presunta inseguridad ciudadana a esos colectivos, sí, Italia, la cuna de la mafia. Me asombro. Pero me escandalizo aún más cuando el artículo expone la existencia de un "espacio", cercado, cerrado por la noche, y vigilado por cámaras de forma constante, donde "residen" un millar de gitanos. Señores, eso, de toda la vida, se ha llamado y no debería dejar de llamarse "campo de concentración" (o de reclusión, o como se quiera, pero ésa es la idea).




Eso, en la Italia del siglo XXI, en la que pese a su apoyo a las ideas ultraderechistas de la coalición que se dispone a gobernar el país, hasta el Vaticano ha protestado ante algunas de esas medidas referentes al trato que se da a la masa inmigrante.




España no es un país modelo: ahí están las cercas armadas en cada nodo a modo de redes asesinas de potenciales saltadores desde el vecino Marruecos, y los ocasionales incidentes que protagonizan a tres bandas los desesperados, la policía marroquí y la Guardia Civil; sin embargo, hemos de darnos cuenta de una cosa: somos un oasis para la inmigración, y lo digo en el mejor de los sentidos.




Los italianos van a rechazar libertad (ahora la de los inmigrantes, pero dentro de poco será la suya propia), riqueza cultural, riqueza económica y a más largo plazo riqueza genética, a cambio de seguridad y del control presunto de su propia sociedad (un control que, visto lo visto, en realidad reposa en las escasas manos de la mafia -la economía- y del conglomerado berlusconiano -las telecomunicaciones). Y el primer destino en que van a pensar esos nuevos refugiados (porque si es lo que parecen, quizás habrá que asumir que es lo que son) va a ser nuestro país. Eso no es ni bueno ni malo por principio, pero la cara de la moneda que salga ganadora dependerá de muchos factores, algunos de los cuales no es tán en nuestra mano (como lo están el pasotismo del español medio, su tolerancia y su liberalismo vital, que llevan, mayoritariamente, al respeto hacia el diferente). En esta parte de la reflexión, me gustaría decir que la actitud italiana de jugar con los inmigrantes como si de pelotas de tenis se trataran me parece profundamente inhumana, y ahora mismo, profundamente equivocada. Lo peor es que quedan cuatro años de berlusconianismo por delante, si no más.




¿Y por qué digo que ése puede ser nuestro futuro?




Las sociedades italiana y española no se diferencian mucho, pero han dado lugar a "ecosistemas" políticos diferentes. Todas las "alas" están divididas, pero el ala derecha cuenta con más apoyos y como toda derecha que se precie, no hay nada que la una más que el ejercicio del poder. Aquí en España, la división entre las corrientes derechistas, una vez subsumida la ultraderecha política en el PP, tiene como protagonistas los diversos nacionalismos, pero el mayor partido de derechas del país, el Partido Popular, puede estar viviendo los comienzos de una fase de división interna, de la que tal vez podrían salir nuevas formaciones políticas (lo cual me lleva a una duda, puesto que algo así creo que no ha sucedido en nuestra Historia democrática reciente: ¿qué ocurriría con los parlamentarios "populares" en Congreso y Senado?). Si eso llegase a ocurrir nuestro arco parlamentario empezaría a parecerse más al italiano.




En cuanto a la izquierda, no creo que sea posible pensar en más avances del PSOE, y ciertamente todo partido de izquierdas que se precie está constantemente al borde de una o más rupturas. Es su idiosincrasia, y la consecuencia negativa de un grado quizás mayor de democracia interna -por no hablar de fracturas nacidas de los diversos nacionalismos, también posibles y probables.




En un arco parlamentario más fraccionado, la respuesta política ante presuntos problemas causados por la inmigración sería sin duda más compleja, tendría más fuentes de opinión y seguramente saldrían a la luz reflexiones muy poco correctas políticamente hablando, que hoy sólo mantienen algunos ciudadanos y algunos políticos de épocas muy pretéritas.




Para que nuestro país siga siendo una especie de oasis en que puedan mirarse otras sociedades, independientemente del "color" de sus gobernantes, es vital, clave, esencial, que no se creen núcleos de población inmigrante, que ésta se distribuya por nuestro territorio y por nuestros núcleos urbanos, con la misma libertad que podemos hacerlo nosotros los "oriundos".




También considero muy importante dotar de derechos similares a nacionales y no nacionales: si somos parte de la ONU, cualquier persona en nuestro territorio está sujeta a su carta fundacional, ¿no?, y hasta donde yo recuerdo el derecho a juicio justo es uno de los capiteles de nuestra sociedad. Si por mí fuera, la UE debería obligar a Italia (y a todos los estados miembros) a respetar eso. Sin duda un gobierno socialdemócrata mirará más a los individuos que uno democratacristiano (algo sumamente paradójico en mi comprensión de lo que es ser demócrata y de lo que es ser cristiano, pero bueno...), pero los italianos han decidido dar la espalda a la opción socialdemócrata que se les presentaba en las recientes elecciones. Tendrían que saber que mayor riqueza para los ricos suele suponer mayor pobreza para los más pobres, y que si ellos dicen tener derecho a "defenderse" de los inmigrantes, éstos no van a rechazar ninguna oportunidad de salir de la pobreza, por ilegal y peligrosa que sea, si la sociedad a la que han decidido aportar sus vidas no los arropa o es peor, los rechaza. Los italianos en otro país harían parecido: todos somos humanos.




Sobre las posibles medidas favorecedoras de la repatriación de inmigrantes que pueda desarrollar nuestro país, no tengo aún una idea clara, aunque sí tendencias contrapuestas, que tal vez explique otro día.




M@k, el Buscaimposibles

lunes, enero 14, 2008

Rifirrafes entre la Iglesia y el Gobierno en España

Los últimos tiempos estamos viviendo el enfrentamiento más enconado entre la Iglesia católica española y el estado, personificado en su Gobierno, presidido como se sabe por José Luis Rodríguez Zapatero. La jerarquía eclesiástica española se ha alineado claramente en contra de muchas de las leyes que Rodríguez Zapatero llama avances en derechos, como la liberalización del divorcio (conocido ya como "divorcio express") o el matrimonio entre personas del mismo sexo. Pero no se ha quedado ahí, y ha entrado también en otros temas, de índole claramente más política, como la unidad territorial de España, o la nueva asignatura creada por el Gobierno para inculcar los valores que le sostienen en la juventud, llamada "educación para la ciudadanía", que los obispos y muchos padres católicos ven como una intromisión intolerable del Estado en su derecho a educar a los hijos.

Mirando un poco más a fondo, todo este griterío (porque así es como se vive la política en España, a gritos, y porque así han actuado la mayoría de los obispos en sus amargas quejas por la pérdida del poder heredado del régimen franquista que aún les queda -básicamente la educación privada religiosa y el Concordato con la Santa Sede), se puede entender como la puja entre dos gigantes de la filosofía -la religión y el estado liberal- por controlar a las personas, dándole, por favor, a "controlar" el significado más leve posible.

El Gobierno es claramente de izquierdas, más de hecho que otras corrientes del propio Partido Socialista Obrero Español, y si durante los ocho años de gobierno del Partido Popular la Iglesia prácticamente estuvo ausente de la arena política, durante la presente legislatura se ha podido ver a obispos españoles en diversas manifestaciones de la derecha política, a las que, sin duda, tienen todo el derecho individual a ir, pero en las que, como en todo evento en que concurran personas con cargo, su presencia representa un apoyo incontestable al tema de la manifestación, que, como digo, en el caso de las del Partido Popular (y organizaciones afines) siempre han sido de claro enfrentamiento al Gobierno, un ataque siempre trufado de insultos y hasta amenazas.

Desde que aceptamos que el resto del mundo no es católico y no va a poner la otra mejilla, es lógico que el Gobierno se revuelva, sobre todo si la jerarquía eclesiástica organiza una manifestación, oficialmente contra algunas de las medidas gubernamentales citadas al comienzo, que se acaba volviendo la ocasión de mentir y lanzar acusaciones sin sentido, como que aquellas medidas "rompen la democracia" en España. La actitud de la Iglesia en todas o casi todas las medidas sociales del Gobierno ha sido una oposición nada constructiva, y es probable que si sale de nuevo elegido Rodríguez Zapatero en las próximas elecciones las relaciones con el Vaticano sufran algún cambio brusco, sobre todo para el status de la Iglesia en España, con un número de feligreses que disminuye al mismo ritmo que aumenta el de los que directamente la odian. Puede ser, como reseña hoy ABC (el periódico monárquico, católico por antonomasia, decano de la prensa escrita española), que el P.S.O.E. pierda del orden de medio millón de votos de católicos en las próximas elecciones legislativas, pero también lo es que la posición eclesiástica es tan reaccionaria estos días que hasta el Partido Popular se ha alejado someramente de esa postura, aclarando que no va a modificar (derogar) ninguna de las leyes polémicas que supusieron la excusa de que la Iglesia saliese a la calle a protestar (aborto, divorcio, matrimonios homosexuales...), aunque para "contentar a la parroquia" (frase hecha) anuncia la creación de una "Ministerio de la Familia"...

He dado mi opinión, de una forma más personal que aquí, en estos dos artículos de mi blog:

Son dos notas motivadas por el desgarro interno que me supone ver pelear a las dos corrientes de pensamiento que me configuran, como persona de izquierdas (pero no tanto como Rodríguez Zapatero) y católica (pero no precisamente al modo de los obispos) que me considero. Pero más desazón me da ver que quien tiene claramente las de perder en esta lucha absurda es el catolicismo en España. No ya la Iglesia como institución, a la que no podrán quitar colegios privados ni casilla propia en la declaración de la renta, y que aunque perdiese todos los privilegios que le otorga en Concordato, seguiría siendo la más rica y potente de las organizaciones religiosas. Desde un punto de vista mundano, el poder de la Iglesia católica en España está mejor que bien apuntalado. Pero no es labor de la Iglesia apalancarse en el poder económico y político de sus fieles, ¡sino aumentar el número de éstos! ¿Acaso no es nuestra empresa la salvación de las almas? ¿Por qué seguimos pidiendo (peor: exigiendo) a quien no comulga con nosotros que promueva nuestro mensaje (a cambio de nada, o tal vez de ataques políticos) y no nos centramos en la predicación y en la resolución (que no ocultación alevosa) de nuestros problemas, quizás el principal de los cuales, la pederastia, es uno de los mayores males que asolan a la Iglesia? ¿Qué fórmula matemática nos asegura que es mejor creyente una persona educada en un colegio religioso? Al menos de entre mis conocidos, todos detestaron la experiencia y pocos sé que sean católicos practicantes, y yo mismo, que sí lo soy, he sido educado siempre en colegios públicos y en la mayoría de cursos he dado Ética y no Religión. ¿Me convierte eso, o ls ideas que aquí presento en peor católico que un fiel del Opus Dei, por poner el ejemplo de la asociación religiosa española más detestada?

Tal y como escribí en el segundo artículo que he enlazado, no se trata de vendernos por un mensaje más agradable para las personas, si creemos en éste, ciertamente más duro, pero también más consecuente y bello. Pero no seamos al menos tontos de vender dicho mensaje mal. No podemos tener dos caras: la buena de la iglesia de base, y la mala -porque lo es, para el resto- de la curia española.

jueves, agosto 23, 2007

Cambios en el sector mediático español

Sé que cualquier cosa que se escriba parecerá trivial frente al artículo anterior sobre el terremoto en Perú, que tantas privaciones está provocando aún, pero en algún momento había que continuar, y como se unen que mis propias colaboraciones con El Planisferio se pararon hace demasiado tiempo y que se está fraguando un movimiento bastante interesante en el sector periodístico español, me he decidido a darlo a conocer aquí, para conocimiento de todos los lectores interesados en España.

Para poner en antecedentes a quien lee, decir que en España, desde los tiempos justo post-franquistas, se tenía la siguiente situación periodística:

- Un diario centenario, monárquico pero soportado por la dictadura, ABC, era el decano de la prensa escrita española. Sus editoriales siempre se situaban "a la derecha", o, dicho de otra forma, desde él se apoyaban (y apoyan) los "valores tradicionales" españoles, caso de existir realmente tal cosa.

- Un diario recién nacido, El País, junto a diversos medios "alternativos" (Interviu, Diario 16, etc.) y con diversos formatos, ganaban fuerza a la vez que los partidos políticos "de izquierda", en la época del "progrerío". Su línea editorial se situaba muy a la izquierda de la del ABC.

- Una miríada de diarios regionales.

Acompañaban a los diarios anteriores las televisiones y radios públicas (RTVE, cadenas autonómicas), la COPE (de la Conferencia Episcopal Española), Antena 3 Radio y la SER (heredera de la Unión de Radiodifusión, y "en la onda" de El País) así como otra miríada de radio-fórmulas y emisoras locales.

Con la modernización y desarrollo de España, entre mediados de los ochenta y digamos, mediados y finales de los noventa, la situación evolucionó más o menos de la siguiente manera:

- En el plano televisivo surgen cadenas privadas: Tele 5 (de la mano de Berlusconi), Antena 3 (Grupo Zeta, creo recordar) y Canal Plus (V. mas abajo).

- De la prensa regional, sobre todo de la basada en el País Vasco ("El Correo Español", "Diario Vasco"), y apoyado en dos familias -hasta ahora- del afamado y extra enriquecido barrio getxotarra (o sea, de la ciudad de Guecho, en Vizcaya) de Neguri (los Ybarra y los Bergareche) nace el ahora llamado Grupo Vocento, que hace pocos años acaba con la independencia del último gran medio de comunicación no concentrado en un grupo mediático, precisamente ABC y que es uno de los accionistas de referencia de Tele 5.

- De la gente de Diario 16 surge el otro gran periódico español de la actualidad, El Mundo, cuyo principal momento de crecimiento sucede con el descubrimiento de la corrupción generalizada en el socialismo de Felipe González, a cuya caída contribuyeron decisivamente, así como con la revelación del terrorismo de estado llevado a cabo en épocas anteriores (GAL).

- Con la explosión del llamado "capitalismo ciudadano" (privatizaciones de empresas públicas mediante Ofertas Públicas de Acciones, y "boom" de la bolsa española), surge con fuerza el sector de la prensa económica (Expansión, Cinco Días).

- Surgimiento de la televisión por satélite (Vía Digital - Telefónica, Canal Plus Digital - Sogecable, que finalmente se fusionan dando lugar a un difícil de entender monopolio de la TV por satélite española).

-Explosión y diversificación de la "prensa rosa", que invade casi cada espacio televisivo también.

- El anterior director de ABC, Luis M. Anson, crea un nuevo periódico de derechas, La Razón.

- Durante toda esta época, y también en la actualidad, los periódicos más comprados y los espacios televisivos y radiofónicos más seguidos son, sin embargo, y con mucha diferencia, los deportivos: As, Marca, Sport... El papel del deporte, y en concreto el del fútbol, es capital en este artículo.

Durante los primeros cinco años de este siglo se ven dos fenómenos clave: la concentración de medios en diversos grupos mediáticos, principal ejemplo de lo cual es el Grupo Prisa (El País, SER, Canal Plus, Sogecable...), y el surgimiento de la prensa gratuita, primero a través de la gran irrupción que ha supuesto Internet, y más recientemente a través de los diarios gratuitos que se reparten en las grandes capitales de provincia (Qué!, ADN, Metro...). En la actualidad aquella concentración continúa, con dos nuevas circunstancias: invasión del espacio iberoamericano por los grandes conglomerados españoles, y surgimiento de la Televisión Digital Terrestre.

Puede parecer un contrasentido que el sector económico basado en dar información a la población (y entretenimiento) esté polarizado ideológicamente, pero aunque nunca hay que abandonar una cierta inocencia, en cuestiones económicas es el cinismo lo que más vale, y en España la polarización del país en ideologías aparentemente muy contrapuestas ha ido de la mano de la polarización ideológica del sector de la comunicación, y yo mismo tengo mis dudas de que la primera hubiera alcanzado estas cotas sin la ayuda de la segunda.

Simplificando mucho, la gente identifica ABC - El Mundo con diversas corrientes de "la derecha", y Grupo Prisa y sus medios con "la izquierda", situándose todos los demás medios en un espectro ideológico variopinto, o no situándose demasiado (por ejemplo, en el País Vasco los medios de Vocento no son muy claramente "de derechas", pero sin duda son constitucionalistas en su postura frente al llamado "conflicto vasco")... Muchos pensamos, de hecho, que un buen grado de aproximación a la realidad sólo puede venir después de haberla comparado en medios de los dos grupos, o incluso en alguno más...

Recientemente se habla de diferencias entre las líneas editoriales del Grupo Prisa y el programa del PSOE (Partido Socialista Obrero Español) a quienes se acusa de haberse apoyado mutuamente demasiado tanto durante los períodos de gobierno como durante los de oposición del partido del actual Presidente, Rodríguez Zapatero. Al mismo tiempo, y desde mediados de los noventa, el gran negocio y la gran aspiración de todos estos grupos mediáticos (a los que habría que añadir el ahora pujante Grupo Planeta, de rigen editorial) ha sido el fútbol, auténtica droga de masas del pueblo español (perdón, de todos los pueblos españoles). Al mismo tiempo, la inflación exagerada de los precios de los jugadores de fútbol en España (y progresivamente en toda Europa) procede en gran medida de esta cesión del negocio de las retransmisiones de los clubes a las cadenas de TV, que han ingresado en las arcas de aquéllos cantidades ingentes de dinero).

Pero precisamente el deporte, la prensa en internet, y la situación a la izquierda de las líneas de Prisa tanto del PSOE como de muchos periodistas surgidos de aquel grupo, han confluido en el surgimiento de un nuevo grupo mediático con extraordinario "músculo financiero" y éxito de audiencias: Mediapro.

Este grupo de reciente creación es accionista de la cadena de TV, La Sexta, nacida hace muy poco a raíz de una nueva licencia de televisión privada analógica, cuyo crecimiento se ha basado hasta la fecha en la adjudicación de los derechos para España de eventos deportivos de gran alcance, como mundiales de fútbol y baloncesto, o la Fórmula 1 a apartir del 2009, así como la de los derechos de la mayoría de los clubes de fútbol de la Liga Española. Su línea editorial parece claramente izquierdista, aunque manteniendo un intento de sobriedad y equidistancia con la noticia que no siempre se nota en otras cadenas. Sin embargo, la izquierda española no se verá completamente reflejada en medios de comunicación hasta que no tenga un periódico rival, en cierta medida, de El País. Eso, y he aquí la principal novedad en lo que toca a este artículo, va a ocurrir próximamente, y los peor pensados se preguntan si será antes o después de las próximas elecciones generales. Dicho periódico tendrá entre sus directores a un afamado escritor de bitácoras español, Ignacio Escolar, en un ejemplo más (ADN.es -Grupo Planeta, recién nacido- es el otro, y Bottup en otro sentido también es ejemplo de ello) de confluencia de la blogosfera y del mundo del ciudadano de a pie con el mundo del periodismo. La principal prueba de la distancia que Mediapro está cogiendo respecto del otro gran grupo mediático de la izquierda española es el enfrentamiento que están teniendo Mediapro y Audiovisual Sport - Sogecable a raíz de los derechos de transmisión de los partidos de la Liga, que está a punto de comenzar y que es un conflicto condenado a resolverse esta misma semana, pues ambos grupos se juegan demasiados millones de euros en el asunto.

El nuevo periódico parece que se llamará El Público, y una buena reseña sobre todo este asunto viene, ¿cómo no?, en una sección deportiva. País. (También información aquí).

El surgimiento de todo nuevo medio de comunicación es, en mi opinión, positivo para el público, (la gente, claro, y el periódico también), y por tanto para el país (el grande, no el periódico), que tiene así nuevas alternativas para recibir la información que desea, pero me surgen varias preguntas: ¿tendrá éxito costando 0,5 € cuando las ofertas completamente gratuitas fuera y dentro de internet se multiplican? ¿Afectará al electorado socialista -ya que no parece relacionarse muy directamente con el electorado de Izquierda Unida (comunistas y verdes)? ¿Relanzará la crispación política o querrá, como La Sexta, "bienhumorar"? ¿Es bueno que la comunicación genere tanto dinero y tanto poder, y se incarne en los grupos políticos? Para esto tengo mi propia respuesta: no, pero eso tal vez sea tema para otra perorata.

domingo, julio 22, 2007

Justicia obsoleta

Curiosamente, este post sólo enlaza "de refilón" con el que publicó aquí ayer Marta, pero al menos me gustaría empezar por ese punto de contacto, para poner en antecedentes al lector o a la lectora.

España es un país donde se admite desde hace tiempo que la actividad reproductiva de los "nacionales" es bajísima, y donde las políticas públicas de apoyo a la fecundidad son más bien rácanas, aunque el índice de natalidad ha aumentado recientemente, admitiéndose sin sonrojo (¿por qué habría de haberlo?) que es un aumento debido sobre todo a las familias que han llegado de fuera o se están formando a partir de personas que acaban de llegar.

En este marco cabría incluir una medida anunciada en el pasado debate sobre el estado de la nación (curioso nombre para una reunión de políticos profesionales en la que muchas veces no están más de la mitad de los que deberían, ni siquiera cuando hay cámaras grabando, para vergüenza de nuetra "democracia", llevada a cabo en el Congreso de los Diputados, y donde unos se defienden como gatos panza arriba y otros usan las peores tácticas de la dialéctica para demostrar que ellos lo estarían haciendo mejor), por el Presidente Rodríguez Zapatero, por la cual se entregarán 2500 euros por nacimiento o adopción a cualquier pareja (¿de hecho? ¿Matrimonio? ¿De cualquier tipo?) siempre y cuando fuese entre el pasado 3 de julio y el final del año. (Una medida populista y electoralista, pero que independientemente vendrá muy bien tanto a las parejas afectadas como al partido en el poder).

Por otro lado, nuestro país es una monarquía parlamentaria, al modo británico, pero arrastra, o mejor, es impulsada por, desde tiempo inmemorial una tendencia malsana hacia lo antimonárquico y lo anti-borbónico. También es un país donde la red de redes es claramente liberal (aunque no siempre neoliberal), y donde hay una presunta libertad de expresión, así como una revista humorística semanal, que suele aparecer los miércoles y se llama "El Jueves". "Sólo" treinta años de publicación les avalan como un referente claro del humor satírico en España.

¿Cómo entroncan entre sí todos estos párrafos? En esta fotografía. La versión completa, no apta para menores de 18 años, incluye una caricatura femenina , y aunque no esté absolutamente explícito, el dibujo caricaturizaría al Príncipe Felipe y su esposa, Letizia Ortiz de Rocasolano, manteniendo relaciones sexuales... Dicha versión completa no es difícil de encontrar en la blogosfera española.

El revuelo no ha venido de la "ordinariez", ni de que se sugiera que los de la realeza no dan un palo al agua, sino de una decisión "antológica", tomada por cuenta y riesgo propios, sin petición de la Corona para ello, por un representante de esa fauna autóctona española tan "cañí", el juez estrella Del Olmo, que a instancias de la Fiscalía General del Estado ordenó el secuestro en puestos de venta de todos los ejemplares del número de El Jueves de esta semana, así como del "molde", para evitar la replicación del mismo.

Atención a la palabra: el molde. Como si estuviéramos antes de la era de Internet, como si aún se trabajase exclusivamente con imprentas y no se pudiese replicar, copiar, reproducir una misma obra en millones de sitios a la vez. Eso y la mera actitud de secuestro de una obra cultural (el humor y la sátira son cultura, salvo que se quiera renegar de toda la Grecia clásica, por ejemplo) es lo que nos hace preguntarnos a más de uno si estamos a las fechas que estamos o si hay quien sueña y actúa despierto como si aún estuviéramos tres o cuatro décadas atrás...

Desde luego que no hay dudas de la intención sarcástica por medio de ese recurso que es el insulto velado; por supuesto que la pose de los dibujos es provocativa; por supuesto que el dibujo es un atentado al honor de esas personas, pero eso ya está tipificado en nuestras leyes, y cuando ocurre contra cualquier otra persona que no sea de la Casa Real, hay juicios por ello. La acción del juez, que imputa un delito de injurias contra la Corona (de los que un terrorista devenido en político como Arnaldo Otegi ha salio absuelto en más de una ocasión), muestra una visión rancia, antigua y si atendemos al asunto tecnológico, obsoleta, de lo que es la justicia, o de lo que debería ser, y no digamos ya de la visión que de la sociedad española mantiene este señor, el juez Del Olmo, quien no ha sabido ver el efecto amplificador de su medida, que ha dado a El Jueves una notoriedad pública y hasta internacional que no se pensaban conseguir ni en otros treinta años de excelente humor.

sábado, febrero 24, 2007

La separación de poderes, en peligro en España

Vivimos tiempos convulsos en España, aunque mucho más democráticos y pacíficos que las anteriores épocas de confusión que ha tenido nuestro país. La globalización golpeó con sus peores modos nuestro país hará dentro de poco tres años, e inmediatamente el electorado socialista que en la anterior legislatura se había inhibido de votar se lanzó en masa a su deber democrático, resultando un vuelco en el gobierno. El partido anteriormente en el poder no ha terminado de digerir que fueron sus propios errores los que les dejaron sin ese poder deseado aparentemente por encima de todas las cosas, pero aprendió bien las estrategias que el resto de partidos había ido empleando para vencerles, como tomar la cibersociedad con sus propias publicaciones, o salir a la calle a protestar, en manifestaciones siempre "voluminosas" (sobre todo si los datos de participación los da la Comunidad de Madrid), siempre con algún lema aparentemente inocente y duro, y siempre con ataques personales al presidente del gobierno, en forma de execrables insultos.

Aquí en el País Vasco, por otro lado, la justicia, amenazada indefinidamente por ETA, sigue intentando que el delincuente no se vaya de rositas, a la vez que brega con los ataques directos de todo el ala política independentista por un lado, y del ala derecha de la política españolista en el País Vasco, por otra, y cuenta para ello con leyes y mayorías en sus órganos de gobierno decididas por la anterior mayoría política de derechas. También acabamos, desgraciadamente, de salir de una esperanzadora tregua de ETA, en la que el PP nunca creyó ni apoyó nunca al gobierno, que ha sensibilizado a muchas personas en multitud de dimensiones personales y colectivas, enconando aún más los roces que ha habido siempre en esta parte de España.

Todo ello confluye en una manifestación que ocurrirá hoy en Madrid, organizada oficialmente por la Asociación de Víctimas del Terrorismo (la misma que no acudió a apoyar a las últimas victimas en la manifestación organizada después del atentado de Barajas, la misma que gusta de manifestarse con elementos ultraderechistas), para protestar por una sentencia judicial, decidida por el máximo órgano de los jueces españoles, el Tribunal Supremo, por la cual se reducía una pena al etarra Ignacio de Juana Chaos, de doce a tres años de cárcel. Una consulta no muy exhaustiva a las noticias periodísticas españolas del último mes y medio podrá dar idea a los lectores del este artículo de lo que todo ello significa y lleva detrás, y no es el tema principal de mi intervención hoy en este blog, así que lo dejaré aquí. Y aunque está organizada por dicha asociación, la verdad es que el PP se ha apresurado a apoyarla (al contrario que a la asociación de víctimas fundada tras el 11-M, a quienes la Comunidad de Madrid, en manos de la derechista Esperanza Aguirre, deniega hasta la mínima subvención, con lo que se están pensando "emigrar" a otra comunidad autónoma), seguramente no sólo con la presencia de sus propias celebridades, las mismas que tampoco fueron a apoyar a las últimas víctimas.

Hace unas semanas, en Bilbao, acudía el presidente de la comunidad autónoma vasca a los juzgados a declarar como acusado por haberse entrevistado con el dirigente de una formación política ilegalizada (también es recomendable leer nuestra prensa sobre ese tema), y al salir aproximadamente un millar de simpatizantes de su partido, el nacionalista y de derechas PNV, estaban esperándole para animarlo y vitorerarlo como auténticos "hooligans". Previamente, cerca de ochenta mil vascos se habían manifestado el sábado previo en Bilbao, en un acto de presión contra los jueces sin precedentes.

Los políticos en este país quieren estar al margen de la acción de la justicia, por encima de ella, incluso con las leyes que ellos mismos ponen, al actuar con el rol del poder legislativo que la Consitución ofrece a los parlamentos. Unos con la excusa de su nacionalismo y del presunto papel "colonialista" de la justicia española, otros con una moralina insultante (no protestaron cuando el partido anterior en el gobierno concedió beneficios al mismo etarra) y con el extremismo de quienes se creen en poder de la única verdad absoluta, pero lo cierto es que todos ellos querrían tener bajo control los órganos judiciales. Actualmente, hay un tercer frente abierto ente la justicia y la política, a cuenta del nuevo estatuto de autonomía para Cataluña, que también ha de estudiarse en el Tribunal Constitucional a petición del PP. Vemos que la lucha democrática entre derechas e izquierdas, una vez visto que el país es como es, y que no habrá cambios sustanciales, se ha trasladado a un campo donde diferencias mínimas pueden tener mucha más repercusión práctica que las que hay en las elecciones generales, quizás porque es mucho más sencillo de manejar al plasmarse en toda su crudeza el bipartidismo que padecemos.

De hecho, los jueces empiezan a encuadrarse también en asociaciones con un color político más que marcado, y varios de ellos han entrado y salido de partidos políticos (sobre todo del PSOE: Garzón con Felipe González, el nuevo ministro Bermejo ahora con Rodríguez Zapatero), en una práctica que, en mi opinión, no debería poder darse.

Quizás es que creo en una forma de estado absolutamente utópica, pero no me parece adecuado que quienes ponen las leyes (los partidos políticos) y quienes nombran a los jueces de los órganos de gobierno de éstos (los partidos políticos, en un sistema de proposiciones) no puedan estar totalmente bajo la hégira de los jueces, como si los políticos fuesen ciudadanos especiales. Un sistema politico en que las cosas fuesen así no podría considerarse democrático, y lo cierto es que, aparte de su crónica lentitud en España ya no es ni el único ni el principal motivo de desconfianza de los ciudadanos hacia la Justicia.


El ciudadano tiene una visión clara de lo justo y lo injusto, de lo que está bien y de lo que está mal, pero en la situación actual, en que jueces y políticos se reparten en una mezcla casi orgiástica el poder real que la Constitución separó en tres tartas en principio inintercambiables ni tampoco unificables, no puede por menos que alejarse aún más de los asuntos públicos, larvándose quizás un desprecio por lo democrático muy preocupante.