miércoles, septiembre 13, 2006

Gobernabilidad, Ciudadanía y Responsabilidad

Gobernabilidad, Ciudadanía y Responsabilidad: ¿entrando a una nueva tensión?

Primero fue la disputa entre Camilo Escalona y Andrés Allamand. Luego los anuncios de movilizaciones y paros en pro de demandas y ajustes anunciados por profesores, estudiantes, trabajadores de la Salud y mineros de CODELCO. Ahora se suma a todo esto la irrupción abierta y temeraria de los grupos anarquistas.

El actual contexto abre así una nueva coyuntura: el análisis de la tríada ciudadanía, gobernabilidad y responsabilidad. Efectivamente, y desde esta perspectiva, la democracia moderna ha abierto canales por los cuales aún no hemos iniciado un transito abierto y expedito.

En democracia la ‘ciudadanía’ da forma, soporte y sentido a la ‘gobernabilidad’. Sin embargo, y después de cuatro gobiernos de la Concertación, la relación ‘ciudadanía-democracia’ ha entrado en una nueva etapa. Así, la idea de representación directa [un ciudadano un voto] se encuentra en tensión, y esta siendo cada vez más frecuentemente testeada. Dicho de otra manera, la definición Schumpeteriana de democracia como una forma de gobierno que permite la elección entre elites por ciudadanos votando en regular y competitivas elecciones, esta entrando en una etapa de radicalización o a lo menos de desgaste. Como resultado de esto, las elecciones sistemática de Presidenta[e], Senadoras[es] y Parlamentarias[os], como de Alcaldesas[es] y Concejalas[es], es sólo un eslabón de una larga cadena de representatividad. Del mismo modo, es claro hoy que el juego democrático ya no termina con la comprobación de que sus objetivos de competitividad, libertad, igualitarismo, importancia e inclusividad se han cumplido.

Gobernabilidad, la cual requiere de legitimidad, por su parte, representa y canaliza los intereses de la ‘ciudadanía’. No cabe duda, en este sentido, que de las innumerables cosas que hay que rescatar de la vuelta a la democracia en Chile es que esta ha sido fuertemente respaldada por una amplia y consistente legitimidad y representatividad. Sin embargo, al parecer, nuestras elites gobernantes han resuelto tener un más intenso ‘accountability’ con las elites económicas que con la ‘sociedad civil’. Así, mientras con la primera se negocia y se rinde cuentas a lo menos una vez al año [gracias a la ya tradicional ‘Economic-Roundtable’ –mesa redonda- organizada en CEP], con la segunda se tranza y se le rinde cuentas [‘accountability’] sólo cada cuatro años.

Como resultado al choque de estos dos conceptos [ciudadanía y gobernabilidad] un nuevo escenario, extra sistema o outsider al sistema, esta elevando el tema de la ‘responsabilidad’ política, económica y social a un nuevo sitial. Así, gobernantes y gobernados ven como el fino equilibrio, construido hasta ahora, esta siendo desafiado ‘irresponsablemente’ por los –irónicamente- bien organizados grupos anárquicos. De esta forma, y parafraseando a Bobbio, anarquismo es la liberalización de la sociedad desde cualquier forma de autoridad [religiosa, política y económica] y entiende al Estado como la más grande forma de opresión de personas sobre personas. El anarquismo, concluye Bobbio, aspira a una sociedad sin Estado o ley, y fundada sobre una espontánea y voluntaria cooperación de individuos asociados, libres e igual entre ellos. Para Hobbes, anarquismo es la guerra de todo en contra de todo. En escencia, lo que motiva el accionar del anárquico, es la existencia –afuera del sistema- de un espacio donde puede expresar aquellas ideas e intereses que le parecen antagónicas e irreconciliables al interior del sistema.
Desde esta perspectiva, tengo dudas que los nuevos anuncios desde arriba sobre la creación por parte de la Democracia Cristiana y el Partido Socialista de un ‘mecanismo de alerta temprana’ y la acción en conjunto –con el objetivo de dar señales de fuerza- entre el Ministerio del Interior y la Agencia Nacional de Inteligencia, sean la respuesta a la canalización de los nuevos desafíos que la tríada gobernabilidad, ciudadanía y responsabilidad hoy demandan.

Lo que habría que recordar es que necesitamos más sociedad civil que tenga voz, voto y especialmente ‘accountability’. Es como sostiene O’Donnell la creación de un individuo que, al mismo tiempo, sea un ‘ciudadano-agente’.

2 comentarios:

Sergio Flores dijo...

Después de que los "niños" le torcieron la mano al gobierno y demostraron que Chile, un país serio como pocos donde el chacoteo no tiene cabida, puede controlarse desde la calle, ¿hay alguien que se sorprenda porque los grupos anarquistas entren de lleno al ring? Creo haber escrito aquí que las pedidas de los niños no me parecían tan verdaderas, que esto olía a cocinado. Dejé el liceo a principios de los ochentas, pero no podían los jóvenes haber cambiado tanto en 20 años que salieran a protestar a la calle porque en realidad querían más cálculo, más trigonometría, más álgebra, más inglés y más química. Eso fue un "power play" una contienda de poder. Ganó la calle y hoy llegan los anarcas. No hay ninguna sorpresa.

Javier Bazán dijo...

Estoy de acuerdo con Sergio Flores.
Además, está el discurso incendiaro de la Presidenta: "Cuando la izquierda se toma la calle, la derecha tiembla".
Esta vez tembló la propia izquierda con su propia medicina.