sábado, mayo 12, 2007

Ulster - País Vasco

Esta semana hemos vivido una serie de acontecimientos en Europa bastante importantes. Podríamos decir que empezó con la victoria de Sarkozy en Francia, y del independentismo en Escocia, y que acabó con el anuncio de retirada de Blair en Reino Unido, pero, obviamente mucho más importante, lo que de verdad ha destacado por encima de lo demás, fue la reunión en el mismo gobierno (que aquí en España diríamos "autonómico") de personas hasta hace poco mutuamente non gratae (¿está bien declinado?), es más, hasta hace poco enemigos acérrimos y mortales: el Ulster recupera su autonomía política, aunque no la independencia, y a partir de ahora tendrán que jugar al juego de los equilibrios democráticos para que su país no se desmorone entre rencillas ahora aparentemente enterradas.

Como seguramente sabrán muchos lectores de esta bitácora, en España sufrimos una lacra similar, el terrorismo de ETA. Es la última y más virulenta herencia del franquismo que aún tenemos encima. Quien la quiera comprender (¿acaso es posible algo así?), tiene a su disposición suficientes hemerotecas, y en este artículo me gustaría ceñirme a las diferencias entre ambos "procesos". Porque aquí en España se inició un proceso de fin del terrorismo que ETA confundió interesadamente con un proceso de victoria sobre la democracia, con trágicas consecuencias.

No me referiré a las diferencias históricas, sino a mi opinión sobre los paralelismos que se están soñando entre las fotos del Ulster estos días y otras posibles en el País Vasco.

Se habla, por ejemplo, de fotos en que Arnaldo Otegi, principal dirigente de Batasuna, y Jaime Mayor Oreja (uno de los más significados vascos del Partido Popular) saliesen como formantes del mismo Gobierno Vasco, emulando a McGuinnes y Paisley. Y se dice que algo así sería un éxito. Pues bien, disiento.

Sin duda el éxito irlandés se debe a los protagonistas de esas fotografías, pero también a dos elementos que no se nombran suficientemente: el IRA y la sociedad nor-irlandesa estaban hartos, cansados, exhaustos y el IRA ha estado dispuesto a terminar, a autoliquidarse. Y, además, ha habido un fracaso enorme de los partidos nor-irlandeses más moderados.

Consideremos el caso vasco. ¿Qué ocurriría si, de repente, los cientos de miles de votos que ahora van a PNV y PSE pasasen a repartirse entre Batasuna y PP (algo por lo demás imposible en estos momentos por la Ley de Partidos)? Sobre todo en un clima como el actual, en que está claro que ETA no ha dejado las armas, antes bien, las sigue manteniendo como único método válido -para ellos- de conseguir sus objetivos. En mi opinión, sólo se propiciaría la escalada a un enfrentamiento civil sin precedentes en setenta años.

Incluso hay una falacia muy grave en eso de querer una foto que una a opuestos como en Irlanda, diciendo que lo son ETA y el PP. El PP puede serlo en caso de ceñirnos a las ideas políticas y el sentimiento de pertenencia, pero no debemos olvidar que enemigos de ETA somos todos los que no pensamos igual. el conflicto vasco no es de ETA contra el PP, sino de ETA contra todos los que pensamos que las cosas políticas hay que arreglarlas por medio de la palabra y de la acción meramente política.

Es decir: aquí lo deseable no es una foto Mayor Oreja - Otegi, sino un anuncio electoral donde confluyan todas las ideas políticas en igualdad, algo que sólo se podrá conseguir en el momento en que ETA se mire realmente en el "espejo" del Ulster y del IRA actual, ya finiquitado, y decida realmente lo mismo: dejar las armas. En ese momento Batasuna debería poder presentarse de nuevo a elecciones, que por fin serían realmente todo lo democráticas que la democracia actual puede permitir, pues ya no habría listas electorales echadas atrás ni otras llenas de amenazados de muerte por ETA.

1 comentario:

cambiaelmundo dijo...

Comparar Ulster y País Vasco es una manipulación, pues tienen muy poco en común, en el origen, la historia y en la realidad actual, por lo que la solución sólo puede ser muy diferente. Como dice M@k, sólo cabe que ETA desaparezca y sus partidarios participen en el juego democrático: entonces serán los votante quienes digan quienes quieren que se sienten a negociar un gobierno, sólo entonces habrá algún paralelismo con lo que pasa ahora en el Ulster (que ya veremos cómo funciona...).