viernes, marzo 23, 2007

El show de Chávez

Al momento que Bush se encontraba en Brasil con Lula, para dirigirse finalmente a Uruguay, Chávez pasó por Buenos Aires y firmó una serie de convenios con Kirchner con el propósito de crear un Banco del sur. La reunión con Kirchner no pasó a mayores; la cita esperada era en el estadio de ferrocarril oeste de la ciudad capitalina, donde Chávez, con la venia de Kirchner, convocó una multitud y depotricó contra el presidente norteamericano que en ese momento aterrizaba en Montevideo.

Chavez cumplió su trabajo. Vino e hizo lo que supo hacer y esperaban de él: ¡Hablar!. Uno se preguntaría si, oscilando entre la función militar y la política, Chávez ha elegido la profesión correcta. Hubiera sido un gran conductor radial, para ocupar distendidas horas de habladuría complementadas con entrevistas.

Tan presente tendrá Chávez su frustrada vocación, que conduce semanalmente el radial y televisivo Alo presidente. Si hay libertad de prensa en Venezuela, el que mejor la aprovecha, antes que padecerla, es el presidente.

En Ferro dijo lo que los concurrentes querían escuchar. Idolatró a sus íconos, contó historias, defenestró a los enemigos y se permitió hacer un análisis de tipo historicista sobre la actualidad latinoamericana. La simpatía que despliega Chávez desde el micrófono evoca el histrionismo del aparentemente inocente Idi Amín. No sólo por su facilidad para entretener a las masas; también por la permanente sospecha con la que cualquier persona medianamente sensata debe tomar los dichos e intenciones de un gran fanfarrón.

El cómo Chávez fue a ese estadio y cómo lo dejaron, debe indagarse de acuerdo a las conveniencias de los activa o pasivamente involucrados. Chávez consiguió un palco desde donde emanar estruendo discursivo en altos decibeles. Eligió correctamente el momento y el lugar de donde hacer brotar el férreo antiamericanismo al que nos tiene acostumbrados.

Así como Freud hoy daría sus conferencias en París y Buenos Aires, y no en Estados Unidos, Chávez efervoriza con sus arengas donde lo dejan. No podría hacerlo en París, mucho menos en Estados Unidos, pero sí en Buenos Aires. El favor responde principalmente a una cortesía de Kirchner hacia su par venezolano. Gentileza no gratuita, sino en compensación por otros favores, para cuya explicación valen diversas hipótesis.

Chávez es un comprador empedernido de bonos públicos argentinos. Una de sus últimas compras permitió cancelar la deuda argentina con el FMI. En la movida Venezuela corre el riesgo, pero lo hace apostando a un país que, evidenciado por su superávit primario, goza de amplia capacidad de pago, y encima el rendimiento de los bonos es por demás atractivo.

Materialmente subrogado en el anterior acreedor, Chávez puede sentirse en posición de marcar las condiciones, y aunque ello no sea así, puede bien estar probando la lealtad de Kirchner, quien a su vez estará tentado de satisfacer al mandamás venezolano para que continúe las compras de bonos.

Kirchner también debe albergar la esperanza de que algún día un gasoducto haga fluir el gas desde el Orinico, o que desde el mismo lugar partan embarcaciones cargándolo en estado líquido. O porque no, que el generoso crédito venezolano llegue a los pequeños empresarios y humildes a través de un banco sudamericano. Si de ese grado de convicción se tratara, Kirchner habría sido embelesado por las faraónicas promesas que sólo un sucesor de Ra y unos cuantos petrodólares pueden tornar creíbles.

Otra posibilidad es que Kirchner use a Chávez como su portavoz, como una faceta extrema de su ya alterada personalidad. Pagarle al FMI y acariciar la rodilla de Bush no está entre los gestos que mejor caigan a su público de izquierda. Para ellos tiene montado un discurso sesgado a todas luces, con algunas acciones de corte simbólico pero sonante reverberación mediática (como construir, para beneplácito de una pequeña fracción de argentinos, un "Museo de la memoria" en las facilidades de la Escuela de Mecánica de la Armada donde ocurrieron hace 30 años violaciones a los derechos humanos).

Kirchner no es un paradigma de la mesura y su boca habla más de lo que corresponde al encargado de la más importante función institucional. Sin embargo, la misma realidad hace que en ocasiones se extralimite en sus palabras, mas no en las acciones que le siguen. Kirchner a menudo da marcha atrás o deja iniciativas a mitad de camino, no sin antes haber ostentado todo tipo de anuncios generadores de compromiso. Sin llegar a desdecirse, discretamente se distancia de sus anuncios cuando no concitan el apoyo esperado o son manifiestamente irrealizables.
Contra Bush debe estar tentado de despotricar al estilo Chavez, pero en el plano internacional, en este tipo de discursos confrontativos y encolerizados, las palabra misma es una acción difícil de separar de las consecuencias malsanas que puede traer aparejadas.

Consciente de la carga que supone, Kirchner delega su verborragia en otro que haya perdido el cuidado por las relaciones equilibradas y en buenos términos.

No concibe tal vez, que la misma delegación, a través del permiso para hablar en el stadium (como llama Chavez) local importa una acción misma, de tácito apoyo a la afrenta del irrefrenable orador bolivariano.

¿Quien usa a quien? Chávez está jugado y definido en una línea a la que apuesta todo su caudal político y económico. Kirchner se muestra, más no sea sentimentalmente, próximo al extremismo de Chávez, pero no llega a seguirlo hasta las últimas consecuencias, tal como parece dispuesto el Coronel cuyo nombre seguiremos escuchando por bastante tiempo.

El infortunado antiamericanismo de Chávez en su manifiestación económica es de aplicación limitada, puesto que el comercio entre ambos países subsiste, mientras la retórica se enciende al "rojo" vivo sin hallar respuesta en Bush.

Chávez tiene suficiente mal gusto como para causarle a los norteamericanos -no solo a Bush- una molesta irritación, en especial cuando queda como blanco de sus discursos el ataque a aspectos sensiblemente caros a la idiosincrasia norteamericana.

Aquí entran, ya no el consumo, ya no la política exterior, sino los más sagrados de sus símbolos.
En Ferro, pese a advertir que el comentario iba con todo respeto, Chávez se despachó contra George Washington, un ícono norteamericano que, a la par de Lincoln, la historiografía de ese país no puede tocar sin con ello ser llamada revisionista. Dijo sentirse incomodado por la forma en que Bush asoció (en Brasil) artificialmente a Bolivar y Washington en la gesta independentista.

De allí en adelante pasó a compararlos, señalando que el libertador norteamericano era esclavista, hacendado, que mató indios, y que murió rico en su Virginia natal. Aparte, liberó del Imperio a la nación que ocuparía su lugar como nuevo Imperio.

Citas de Jefferson que aconsejaban tragar "una a una" las repúblicas de America, y de Monroe en donde manifiesta su famosa doctrina, aparte de la conquista de la Florida y la represión de su anecdótica república, así como la conquista de México, fueron comentarios que Chávez dedicó al breve repaso de la demonizada historia norteamericana, no ausente, entre sus protagonistas, de sacralizaciones como las que él depara hacia Bolivar. Al libertador de sudamerica sólo le dedicó recuerdos elogiosos, como que, a diferencia de Washington, nació rico, liberó a sus esclavos, los reclutó, repartió la tierra y murió pobre, siendo esto último algo a lo que nos han acostumbrado ver como virtuoso en los próceres. Extraña que Chávez, tan afecto a los anacronismos con que cree verse batallando junto al Che, Allende, Perón, Martí, Pancho Villa y Bolívar, no se moleste en compararlos ni analizarlos críticamente, ni si quiera a San Martín, que no tuvo mayores problemas económicos hacia el final de sus días.

Chavez se encargó de subrayar la condición de cadáver político de Bush. En EEUU la calificación de lame duck (y no cadáver, caballerito del norte o mr danyer) describe mejor y con menor ofensividad la minada capacidad de maniobra de un presidente como Bush.

Burlas en idéntico sentido le dedicó a su bajo índice de popularidad (en el pozo histórico) y hasta a su IQ, según un reciente estudio que lo destaca entre los más bajos de todos los presidentes que tuvo EEUU.

Bush es lame duck (o cadáver político) porque una vez que termine su mandato tendrá vedada la re-reelección, y difícilmente regrese. Aunque parezca una debilidad, en la limitación del poder radica la fuerza del sistema político norteamericano. Bien le vendría una cortapisa semejante a Chávez, quien nadie sabe cuánto tiempo más se quedará. Según él, estará mientras lo sigan votando.

¿Por qué estaba Chavez tan disgustado con Bush? En parte porque es el centro del beligerante discurso antinorteamericano que venimos describiendo y no abandona por un día. Pero también
debe entenderse que lo acentuó porque vio la visita a Brasil y Uruguay como una intromisión dentro de los límites del territorio que pretende unificar y amurar. Que Lula y Bush puedan juntarse a discutir sobre programas conjuntos de desarrollo de biocombustibles, posible competencia del privilegiado petróleo, provoca en Chávez una sensación de ira y celos. Saber que no puede manipular a piaccere a Lula, y ni si quiera a Vázquez, es motivo de mayor recelo, aunque Kirchner le demuestra que en el Mercosur siempre habrá algún hilo con su correspondiente marioneta atada para gritarle al Imperio. Chávez se puede ir tan ofuscado como contento. Mientras Lula y Vazquez negocian con Bush acuerdos que podrían restarle unidad al conglomerado aduanero sudamericano, ha encontrado en Kirchner alguien que por tibio le resulta funcional. Evo Morales, de visita finalmente no concretada, tiene respecto a la revolución bolivariana un compromiso aún mayor.

Todos a casa. El show de Chávez ha concluído...por hoy.


2 comentarios:

cambiaelmundo dijo...

Interesante reflexión, un poco larga (no abuses de nuestro escaso tiempo); pero interesante: ¿cuánto durará la payasada de Chavez? ¿Cuándo os libraréis del populismo? Aunque a decir verdad, con algunos políticos serios también tenemos circo a este lado del charco.

Marta Salazar dijo...

Excelente artículo! Gracias Marcos! Y la caricatura... je je, no puede ser mejor!