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domingo, julio 15, 2007

El cambio recién empieza



En octubre habrá elecciones presidenciales previo a la terminación del mandato de 4 años de Nestor Kirchner. El crecimiento de años consecutivos a causa del alza en los precios de los commodities (principalmente la soja) ha devengado a Kirchner suficiente popularidad como para no ser arrastrado por otros problemas económicos en estado avanzado -ya no incipiente-, como la falta de energía y la inflación.

Agobiado por la regulación (que obliga, por ejemplo, a expender el gas domiciliario a tasas subsidiadas), el sector energético acusa una severa falta de inversiones, desde que ellas se realizaran en los noventas a fuer de privatizaciones. Mientras escasea el gas y usuarios industriales y taxistas han tenido que ver suspendidas sus actividades, el gobierno de Kirchner se defiende alegando desde hace años, ora que tal crisis no existe, ora que las privatizadas han preferido su rentabilidad por sobre la inversión y a ellas, entonces, les es imputable el faltante. En el suministro de energía eléctrica ya hay cortes, carestía que ha sido justificada oficialmente por el efecto de la sequía en el nivel de las represas.

La inflación alrededor del 10% anual da otra voz de alerta. El índice oficial de precios al consumidor armado por el Instituto nacional de estadística y censos (INDEC) es manipulado -con remoción de funcionarios indóciles- para arrojar resultados más esperanzadores que los reales. El aumento de los precios repercute sobre el nivel de pobreza, un área cuya reducción el gobierno dice haber concretado por medio de la creación de empleo.

Debe insistirse con que la postura oficial no siempre condice con la realidad, puesto que la reducción de la pobreza a un tercio y el desempleo así como la inflación por debajo de la simbólica cifra de los 2 dígitos es una verdad a medias, que no discrimina la cantidad de empleados públicos y planes asistenciales, ni la violenta merma del poder adquisitivo tras la devaluación de 2001.

Serios como son los datos económicos, de todos modos nadie ponía seriamente en duda la factibilidad de una reelección de Kirchner en octubre. Restaba definir si el candidato sería él o su mujer, Cristina Fernández. Al final se ha divulgado que será ella, quien con una intención de voto semejante a la de su marido, se arrima al 50%.

La decisión se anuncia poco después de la derrota electoral que el gobierno sufriera en las elecciones a gobernador de Neuquén y Tierra del Fuego, ambas provincias patagónicas como la Santa cruz donde Nestor Kirchner ejerció el poder ejecutivo por 12 años, y la derrota apabullante en la Ciudad autónoma de Buenos Aires a manos del empresario Mauricio Macri.

Aquí el gobierno hizo su jugada con el ministro de educación Daniel Filmus como candidato a jefe de gobierno. Con 45% a 23% en la primera vuelta y 61% a 39% en la segunda, la victoria de Macri -presidente del exitoso Boca Juniors- con sus propuestas de gestión ha sido interpretada como una mayor preocupación de la ciudadanía por atender desideoligizados a los problemas concretos, como la inseguridad, el transporte y la recolección de residuos.

Se ha visto también a Macri como un referente de la centro-derecha, espectro ideológico éste de capa caída desde el frustrado experimento liberalizador de los años 90, razón que le habría valido la animosidad de grandes sectores progresistas en la ciudad, si bien muy por debajo de la imagen negativa que en 2003 le hizo perder en ballotage la elección al mismo cargo.

Si no fue por la eficiente campaña electoral, o por una -no asumida- identificación con la derecha que en un viraje de opinión le habría sumado antes que restado votos, queda cifrar como opositor el rol con que Macri ha sido ungido, sin nunca pronunciarse -por imperativo de un discurso conciliador, al contrario del de Kirchner- acabadamente anti-kirchnerista. El creciente pálpito antikirchnerista ha provocado una exigencia en Macri, por el momento renegada, de pronunciarse por un candidato presidencial a favor del cual pueda volcar su alta cantidad de votos, o bien que él mismo se candidatee a presidente, rompiendo con ello la promesa hecha de no apartarse de la ciudad durante los próximos 4 años.

Posiblemente la jugada de Macri sea promocionarse en una buena gestión de Jefe de gobierno -el cargo ejecutivo de la entidad autónoma intermedia entre municipio y provincia en la ciudad de Buenos Aires- para maximizar sus chances presidenciales en 2011.

En la cita electoral de octubre de este año, la oposición llega muy fraccionada. Cristina, como con suma sencillez se la llama, será presidente (¿o presidenta?) en primera vuelta si consigue el 45% de los votos o más del 40% con al menos 10% de diferencia del segundo. Así lo prescribe la Constitución desde que fuera reformada en 1994 para permitir la reelección, hasta entonces prohibida, de Menem por acuerdo de éste con el opositor y ex presidente Alfonsin.

Por el momento de la fuerte oposición al gobierno actual no emerge un candidato donde concentrar esos 30 puntos que aumentarían las posiblidades de ir a una segunda vuelta, y ahí sí unificar una candidatura capaz de lograr la mayoría absoluta. Hay para tener en cuenta varios candidatos con respetable pero insuficiente caudal de votos. Está Elisa Carrió, una dirigente cuyos arrebatos místicos hacen dudar del grado de realismo que habría en la implementación de su modelo moralista y socialdemócrata.

Otro candidato es Roberto Lavagna, quien fue ministro de economía desde 2002 en la presidencia de Duhalde y conservara el cargo con Kirchner hasta 2005, momento en que fue separado, presuntamente por mostrarse incapaz de lidiar con la inflación, como se dijera una tara aún persistente. Consciente de las flaquezas del presidente en el trato con todos, el padre del "heterodoxo" modelo económico actual hace respecto a Kirchner correcciones más de forma que de fondo, pretendiendo mantener vigente algunas de las políticas económicas como el forzado tipo de cambio del dolar a 3 pesos y el default a bonistas privados que no transigieron entrar al canje de este endeudado e inestable país.

Ricardo Lopez Murphy también fue ministro de economía, aunque por un período muy breve en plena crisis de 2001. Su proximidad a las ideas liberales hace que la crítica al gobierno sea de la más enfocada a los serios problemas institucionales y estructurales, crítica que comparte en gran medida su ex-compañera de partido (UCR), Elisa Carrió.

El resto de los candidatos da cuenta de la atomización de cara a las elecciones, con cierta intención para Patricia Walsh, dirigente de extrema izquierda, y muy poco para Carlos Menem, ex presidente, y Jorge Sobisch, actual gobernador de Neuquén.

La pregunta corre en torno a cómo será el gobierno de Cristina Fernández. Un afiche proselitista que empapeló el paisaje urbano la semana pasaba consignaba el slogan "Cristina, el cambio recién empieza". Pensando cómo puede ser el futuro gobierno, los analistas se debaten sobre el sentido del cambio. ¿Continuar la línea de su marido? ¿Virar repentinamente? ¿O es sólo un slogan, y el gobierno de Cristina no depararía sorpesas?.

También existe la opinión de que el acto de ceder el poder a su mujer sin realizar ninguna elección interna en el partido -el frente para la victoria, surgido de la triple escisión peronista en la elección de 2003-, implica una maniobra para burlar la limitación constitucional a la re-reelección, alternándose el matrimonio los mandatos o dividiéndolos como si el poder se tratara de un bien ganancial.

Más allá del sustento que pueda tener esta teoría, lo cierto es que los síntomas económicos que hoy se sienten y vislumbran podrían encontrarse en una fase mucho más avanzada, al borde del estallido, de modo que una tercera presidencia con el sello Kirchner, de Nestor o Cristina, de no ser favorable la coyuntura, no recibiría respaldo electoral en esta población tan sensible a las crisis. El componente de concentración arbitraria de poder político y económico existe. Sin embargo este no llega a un punto, todavía, que permita realizar un experimento como el de Chávez.

Esta abogada de 54 años ha forjado su propia carrera política desde cargos legislativos y es sabida de tener fuerte temperamento (al punto de sospecharse un trastorno bipolar), gusta vestir, mantener la estética, viajar, gastar, siendo indiscutido que incluso en el país relativamente machista al que pertenece, es independiente y hasta está planeando un rediseño de gabinete, cual si tratárase de la decoración doméstica. De uno de sus gustos, viajar, a diferencia de Néstor aparentemente ha conseguido aumentar los contactos y apuntaría a mejorar las relaciones internacionales, por ejemplo asumiendo un mayor compromiso en la condena al terrorismo. Se dice asimismo que a más del renovado perfil internacional, tendría en su meta una agenda institucional, buscando enmendar todo cuanto su marido dejó desatendido en la materia.

El historial parlamentario de Cristina destaca dos etapas: una de gran preocupación por las instituciones, previo a 2003, y una con posterioridad, donde avaló atropellos contra la división de poderes, siempre a favor del poder ejecutivo.

A partir de octubre sabremos si el cambio ya empezó, empezará, o nunca empezará.

viernes, marzo 23, 2007

El show de Chávez

Al momento que Bush se encontraba en Brasil con Lula, para dirigirse finalmente a Uruguay, Chávez pasó por Buenos Aires y firmó una serie de convenios con Kirchner con el propósito de crear un Banco del sur. La reunión con Kirchner no pasó a mayores; la cita esperada era en el estadio de ferrocarril oeste de la ciudad capitalina, donde Chávez, con la venia de Kirchner, convocó una multitud y depotricó contra el presidente norteamericano que en ese momento aterrizaba en Montevideo.

Chavez cumplió su trabajo. Vino e hizo lo que supo hacer y esperaban de él: ¡Hablar!. Uno se preguntaría si, oscilando entre la función militar y la política, Chávez ha elegido la profesión correcta. Hubiera sido un gran conductor radial, para ocupar distendidas horas de habladuría complementadas con entrevistas.

Tan presente tendrá Chávez su frustrada vocación, que conduce semanalmente el radial y televisivo Alo presidente. Si hay libertad de prensa en Venezuela, el que mejor la aprovecha, antes que padecerla, es el presidente.

En Ferro dijo lo que los concurrentes querían escuchar. Idolatró a sus íconos, contó historias, defenestró a los enemigos y se permitió hacer un análisis de tipo historicista sobre la actualidad latinoamericana. La simpatía que despliega Chávez desde el micrófono evoca el histrionismo del aparentemente inocente Idi Amín. No sólo por su facilidad para entretener a las masas; también por la permanente sospecha con la que cualquier persona medianamente sensata debe tomar los dichos e intenciones de un gran fanfarrón.

El cómo Chávez fue a ese estadio y cómo lo dejaron, debe indagarse de acuerdo a las conveniencias de los activa o pasivamente involucrados. Chávez consiguió un palco desde donde emanar estruendo discursivo en altos decibeles. Eligió correctamente el momento y el lugar de donde hacer brotar el férreo antiamericanismo al que nos tiene acostumbrados.

Así como Freud hoy daría sus conferencias en París y Buenos Aires, y no en Estados Unidos, Chávez efervoriza con sus arengas donde lo dejan. No podría hacerlo en París, mucho menos en Estados Unidos, pero sí en Buenos Aires. El favor responde principalmente a una cortesía de Kirchner hacia su par venezolano. Gentileza no gratuita, sino en compensación por otros favores, para cuya explicación valen diversas hipótesis.

Chávez es un comprador empedernido de bonos públicos argentinos. Una de sus últimas compras permitió cancelar la deuda argentina con el FMI. En la movida Venezuela corre el riesgo, pero lo hace apostando a un país que, evidenciado por su superávit primario, goza de amplia capacidad de pago, y encima el rendimiento de los bonos es por demás atractivo.

Materialmente subrogado en el anterior acreedor, Chávez puede sentirse en posición de marcar las condiciones, y aunque ello no sea así, puede bien estar probando la lealtad de Kirchner, quien a su vez estará tentado de satisfacer al mandamás venezolano para que continúe las compras de bonos.

Kirchner también debe albergar la esperanza de que algún día un gasoducto haga fluir el gas desde el Orinico, o que desde el mismo lugar partan embarcaciones cargándolo en estado líquido. O porque no, que el generoso crédito venezolano llegue a los pequeños empresarios y humildes a través de un banco sudamericano. Si de ese grado de convicción se tratara, Kirchner habría sido embelesado por las faraónicas promesas que sólo un sucesor de Ra y unos cuantos petrodólares pueden tornar creíbles.

Otra posibilidad es que Kirchner use a Chávez como su portavoz, como una faceta extrema de su ya alterada personalidad. Pagarle al FMI y acariciar la rodilla de Bush no está entre los gestos que mejor caigan a su público de izquierda. Para ellos tiene montado un discurso sesgado a todas luces, con algunas acciones de corte simbólico pero sonante reverberación mediática (como construir, para beneplácito de una pequeña fracción de argentinos, un "Museo de la memoria" en las facilidades de la Escuela de Mecánica de la Armada donde ocurrieron hace 30 años violaciones a los derechos humanos).

Kirchner no es un paradigma de la mesura y su boca habla más de lo que corresponde al encargado de la más importante función institucional. Sin embargo, la misma realidad hace que en ocasiones se extralimite en sus palabras, mas no en las acciones que le siguen. Kirchner a menudo da marcha atrás o deja iniciativas a mitad de camino, no sin antes haber ostentado todo tipo de anuncios generadores de compromiso. Sin llegar a desdecirse, discretamente se distancia de sus anuncios cuando no concitan el apoyo esperado o son manifiestamente irrealizables.
Contra Bush debe estar tentado de despotricar al estilo Chavez, pero en el plano internacional, en este tipo de discursos confrontativos y encolerizados, las palabra misma es una acción difícil de separar de las consecuencias malsanas que puede traer aparejadas.

Consciente de la carga que supone, Kirchner delega su verborragia en otro que haya perdido el cuidado por las relaciones equilibradas y en buenos términos.

No concibe tal vez, que la misma delegación, a través del permiso para hablar en el stadium (como llama Chavez) local importa una acción misma, de tácito apoyo a la afrenta del irrefrenable orador bolivariano.

¿Quien usa a quien? Chávez está jugado y definido en una línea a la que apuesta todo su caudal político y económico. Kirchner se muestra, más no sea sentimentalmente, próximo al extremismo de Chávez, pero no llega a seguirlo hasta las últimas consecuencias, tal como parece dispuesto el Coronel cuyo nombre seguiremos escuchando por bastante tiempo.

El infortunado antiamericanismo de Chávez en su manifiestación económica es de aplicación limitada, puesto que el comercio entre ambos países subsiste, mientras la retórica se enciende al "rojo" vivo sin hallar respuesta en Bush.

Chávez tiene suficiente mal gusto como para causarle a los norteamericanos -no solo a Bush- una molesta irritación, en especial cuando queda como blanco de sus discursos el ataque a aspectos sensiblemente caros a la idiosincrasia norteamericana.

Aquí entran, ya no el consumo, ya no la política exterior, sino los más sagrados de sus símbolos.
En Ferro, pese a advertir que el comentario iba con todo respeto, Chávez se despachó contra George Washington, un ícono norteamericano que, a la par de Lincoln, la historiografía de ese país no puede tocar sin con ello ser llamada revisionista. Dijo sentirse incomodado por la forma en que Bush asoció (en Brasil) artificialmente a Bolivar y Washington en la gesta independentista.

De allí en adelante pasó a compararlos, señalando que el libertador norteamericano era esclavista, hacendado, que mató indios, y que murió rico en su Virginia natal. Aparte, liberó del Imperio a la nación que ocuparía su lugar como nuevo Imperio.

Citas de Jefferson que aconsejaban tragar "una a una" las repúblicas de America, y de Monroe en donde manifiesta su famosa doctrina, aparte de la conquista de la Florida y la represión de su anecdótica república, así como la conquista de México, fueron comentarios que Chávez dedicó al breve repaso de la demonizada historia norteamericana, no ausente, entre sus protagonistas, de sacralizaciones como las que él depara hacia Bolivar. Al libertador de sudamerica sólo le dedicó recuerdos elogiosos, como que, a diferencia de Washington, nació rico, liberó a sus esclavos, los reclutó, repartió la tierra y murió pobre, siendo esto último algo a lo que nos han acostumbrado ver como virtuoso en los próceres. Extraña que Chávez, tan afecto a los anacronismos con que cree verse batallando junto al Che, Allende, Perón, Martí, Pancho Villa y Bolívar, no se moleste en compararlos ni analizarlos críticamente, ni si quiera a San Martín, que no tuvo mayores problemas económicos hacia el final de sus días.

Chavez se encargó de subrayar la condición de cadáver político de Bush. En EEUU la calificación de lame duck (y no cadáver, caballerito del norte o mr danyer) describe mejor y con menor ofensividad la minada capacidad de maniobra de un presidente como Bush.

Burlas en idéntico sentido le dedicó a su bajo índice de popularidad (en el pozo histórico) y hasta a su IQ, según un reciente estudio que lo destaca entre los más bajos de todos los presidentes que tuvo EEUU.

Bush es lame duck (o cadáver político) porque una vez que termine su mandato tendrá vedada la re-reelección, y difícilmente regrese. Aunque parezca una debilidad, en la limitación del poder radica la fuerza del sistema político norteamericano. Bien le vendría una cortapisa semejante a Chávez, quien nadie sabe cuánto tiempo más se quedará. Según él, estará mientras lo sigan votando.

¿Por qué estaba Chavez tan disgustado con Bush? En parte porque es el centro del beligerante discurso antinorteamericano que venimos describiendo y no abandona por un día. Pero también
debe entenderse que lo acentuó porque vio la visita a Brasil y Uruguay como una intromisión dentro de los límites del territorio que pretende unificar y amurar. Que Lula y Bush puedan juntarse a discutir sobre programas conjuntos de desarrollo de biocombustibles, posible competencia del privilegiado petróleo, provoca en Chávez una sensación de ira y celos. Saber que no puede manipular a piaccere a Lula, y ni si quiera a Vázquez, es motivo de mayor recelo, aunque Kirchner le demuestra que en el Mercosur siempre habrá algún hilo con su correspondiente marioneta atada para gritarle al Imperio. Chávez se puede ir tan ofuscado como contento. Mientras Lula y Vazquez negocian con Bush acuerdos que podrían restarle unidad al conglomerado aduanero sudamericano, ha encontrado en Kirchner alguien que por tibio le resulta funcional. Evo Morales, de visita finalmente no concretada, tiene respecto a la revolución bolivariana un compromiso aún mayor.

Todos a casa. El show de Chávez ha concluído...por hoy.