Antes de nada, me gustaría agradecer a todo el equipo de Planisferio y a Marta Salazar en particular la oportunidad que me brindan de conversar con ellos (y con todos sus lectores) a través de este blog.
En este primer artículo me gustaría dar una idea general sobre cómo veo yo mi país, España, y es una reflexión concretada en mi mente a raíz del último atentado de E.T.A.
Seguramente en todos los países existen estereotipos acerca de cómo son sus ciudadanos y los del resto de países, y suele ser regla general que los primeros estereotipos sean más favorables que los segundos. De hecho eso es probable que ocurra incluso dentro de un mismo país, entre regiones distintas del mismo. En España, con diecisiete comunidades autónomas, esa verdad se eleva a la decimoséptima potencia. La educación de los españoles durante tres décadas de tiranía no mejoró precisamente el asunto.
Obsérvese el número: 17. Creo que prácticamente cualquier cosa dividida en tantas partes tiene que parecer por obligación frágil. Aunque también es cierto que un sistema con tantas partes puede ser un ente sumamente rico y complejo. Y pienso que España lo es.
Cuando se afirma algo sobre la esencia de un país o de la de sus ciudadanos se hace una simplificación monstruosa, y no se puede tomar como la verdad acerca de esa cuestión salvo a riesgo de caer en ridículo y ofensa a alguien. Sin embargo, me voy a tomar esa libertad, porque pienso que, sobre todo a los lectores no españoles, puede interesar conocer una de las razones de que internacionalmente los españoles nos mostremos como país como nos mostramos.
La esencia de España es la división, y así ha sido desde siempre. Curioso, direis, que una nación - estado de las que se crearon en Europa hace cuatro o cinco siglos base su naturaleza en lo contrario a la unión de partes de las que nacieron dichas naciones, pero es que no me refiero (sólo) a la división política o administrativa. La división (en sus múltiples formas: negativas, como "disensión", pero también positivas, como "diálogo") forma parte de nuestra forma de ser social.
Unos cuantos ejemplos os lo pondrán más claro.
- Deporte: pese a tener cada comunidad autónoma sus propios equipos de fútbol, no hay aficionado a ese deporte que no se declare "culé" (aficionado a F.C. Barcelona) o "merengue" (aficionado al Real Madrid), cuando se trata de clasificarse sobre esa cuestión. Y es una división fina y profunda: creo que no habrá nadie que "sea" de los dos...
- Religión: se dice que España es uno de los países más católicos del mundo, pero a la vez es uno de los más anticlericalistas (hay que reconocer que la iglesia católica en España se lo ganó a pulso antes de la Transición), y cada vez cobra más fuerza el ateísmo militante. Esta división social es todavía más profunda e incoherente que la anterior, por varias razones divergentes: a) el católico español es probablemente el feligrés más rácano con la Iglesia, y a la vez entre los ateos "florecen" las supersticiones. b) Las diferencias entre creyentes y no creyentes se mezclaron de forma trágica con la política y fueron una de las causas de la Guerra Civil Española.
- Política: aquí el español dividido tiene su paraíso en la tierra. Las fracturas sólo son comparables a las de un jarrón de porcelana caído al suelo. Hay bandos distintos en todas y cada una de las ideas políticas que se pueda uno imaginar, y aunque muchas veces los bandos suelen estar "definidos" en derechas e izquierdas, no siempre es así: las izquierdas están divididas en varios sentidos, como su radicalidad (o su sentido de la realidad, si se quiere), y su grado de relación y asunción de objetivos de los nacionalismos periféricos, mientras que las derechas, aunque se les note menos, también tienen sus corrientes internas, curiosamente siendo el anticlericalismo y el liberalismo las más alejadas de la corriente aznarista imperante. Y ya he mencionado los nacionalismos: la principal idea política acerca de la cual se dividen los españoles es... su nacionalidad (entendida como opción personal, no como característica administrativa).
Pienso que tanto grado de división, y una división tan vehemente como las que los españoles mostramos, no son cosa demasiado buena. Los individuos se unen y se sienten sociedad no porque tengan lazos comunes (o no debería ser sólo así si queremos superar la etapa histórica del nacionalismo romántico), sino porque tengan delante un futuro juntos y se vean capaces de llenarlo con proyectos que se aborden todos juntos. En España, en cambio, todo lo que brilla es individual (y artístico). No tenemos la sabiduría del trabajo en equipo en nuestros genes sociales, pero a cambio tenemos el dinamismo de lo que evoluciona constantemente. Así, seremos unos de los pueblos más creativos del mundo, pero nos atenazarán siempre problemas como qué hacer con E.T.A., que sólo pueden tener solución si los abordamos unidos.
Después de una Guerra Civil que dividió el país, sus regiones, sus familias y hasta las almas de sus ciudadanos en dos y más partes, quizás sea demasiado pronto para pedir unidad y trabajo en equipo, pero no por ello deja de ser necesario. Al final, el problema es el orgullo: para colaborar, todas las partes han de renunciar, y aquí en España ése es un verbo que no se suele llevar a la práctica salvo causa de fuerza mayor.
Como pequeña aportación, terminaré diciendo que nada de lo dicho aquí es taxativo, verdad irrefutable ni está cerrado al debate. ¿Os animais al diálogo?
¡Saludos!
En este primer artículo me gustaría dar una idea general sobre cómo veo yo mi país, España, y es una reflexión concretada en mi mente a raíz del último atentado de E.T.A.
Seguramente en todos los países existen estereotipos acerca de cómo son sus ciudadanos y los del resto de países, y suele ser regla general que los primeros estereotipos sean más favorables que los segundos. De hecho eso es probable que ocurra incluso dentro de un mismo país, entre regiones distintas del mismo. En España, con diecisiete comunidades autónomas, esa verdad se eleva a la decimoséptima potencia. La educación de los españoles durante tres décadas de tiranía no mejoró precisamente el asunto.
Obsérvese el número: 17. Creo que prácticamente cualquier cosa dividida en tantas partes tiene que parecer por obligación frágil. Aunque también es cierto que un sistema con tantas partes puede ser un ente sumamente rico y complejo. Y pienso que España lo es.
Cuando se afirma algo sobre la esencia de un país o de la de sus ciudadanos se hace una simplificación monstruosa, y no se puede tomar como la verdad acerca de esa cuestión salvo a riesgo de caer en ridículo y ofensa a alguien. Sin embargo, me voy a tomar esa libertad, porque pienso que, sobre todo a los lectores no españoles, puede interesar conocer una de las razones de que internacionalmente los españoles nos mostremos como país como nos mostramos.
La esencia de España es la división, y así ha sido desde siempre. Curioso, direis, que una nación - estado de las que se crearon en Europa hace cuatro o cinco siglos base su naturaleza en lo contrario a la unión de partes de las que nacieron dichas naciones, pero es que no me refiero (sólo) a la división política o administrativa. La división (en sus múltiples formas: negativas, como "disensión", pero también positivas, como "diálogo") forma parte de nuestra forma de ser social.
Unos cuantos ejemplos os lo pondrán más claro.
- Deporte: pese a tener cada comunidad autónoma sus propios equipos de fútbol, no hay aficionado a ese deporte que no se declare "culé" (aficionado a F.C. Barcelona) o "merengue" (aficionado al Real Madrid), cuando se trata de clasificarse sobre esa cuestión. Y es una división fina y profunda: creo que no habrá nadie que "sea" de los dos...
- Religión: se dice que España es uno de los países más católicos del mundo, pero a la vez es uno de los más anticlericalistas (hay que reconocer que la iglesia católica en España se lo ganó a pulso antes de la Transición), y cada vez cobra más fuerza el ateísmo militante. Esta división social es todavía más profunda e incoherente que la anterior, por varias razones divergentes: a) el católico español es probablemente el feligrés más rácano con la Iglesia, y a la vez entre los ateos "florecen" las supersticiones. b) Las diferencias entre creyentes y no creyentes se mezclaron de forma trágica con la política y fueron una de las causas de la Guerra Civil Española.
- Política: aquí el español dividido tiene su paraíso en la tierra. Las fracturas sólo son comparables a las de un jarrón de porcelana caído al suelo. Hay bandos distintos en todas y cada una de las ideas políticas que se pueda uno imaginar, y aunque muchas veces los bandos suelen estar "definidos" en derechas e izquierdas, no siempre es así: las izquierdas están divididas en varios sentidos, como su radicalidad (o su sentido de la realidad, si se quiere), y su grado de relación y asunción de objetivos de los nacionalismos periféricos, mientras que las derechas, aunque se les note menos, también tienen sus corrientes internas, curiosamente siendo el anticlericalismo y el liberalismo las más alejadas de la corriente aznarista imperante. Y ya he mencionado los nacionalismos: la principal idea política acerca de la cual se dividen los españoles es... su nacionalidad (entendida como opción personal, no como característica administrativa).
Pienso que tanto grado de división, y una división tan vehemente como las que los españoles mostramos, no son cosa demasiado buena. Los individuos se unen y se sienten sociedad no porque tengan lazos comunes (o no debería ser sólo así si queremos superar la etapa histórica del nacionalismo romántico), sino porque tengan delante un futuro juntos y se vean capaces de llenarlo con proyectos que se aborden todos juntos. En España, en cambio, todo lo que brilla es individual (y artístico). No tenemos la sabiduría del trabajo en equipo en nuestros genes sociales, pero a cambio tenemos el dinamismo de lo que evoluciona constantemente. Así, seremos unos de los pueblos más creativos del mundo, pero nos atenazarán siempre problemas como qué hacer con E.T.A., que sólo pueden tener solución si los abordamos unidos.
Después de una Guerra Civil que dividió el país, sus regiones, sus familias y hasta las almas de sus ciudadanos en dos y más partes, quizás sea demasiado pronto para pedir unidad y trabajo en equipo, pero no por ello deja de ser necesario. Al final, el problema es el orgullo: para colaborar, todas las partes han de renunciar, y aquí en España ése es un verbo que no se suele llevar a la práctica salvo causa de fuerza mayor.
Como pequeña aportación, terminaré diciendo que nada de lo dicho aquí es taxativo, verdad irrefutable ni está cerrado al debate. ¿Os animais al diálogo?
¡Saludos!