Finalmente se hizo la fumata bianca y se anunció el gabinete que acompañará a la presidenta durante el comienzo de sus segundo mandato.
Pocas sorpesas, salvo para el Ministro del Interior Florencio Randazzo, quien por segunda vez ve pasar de largo el ansiado cargo de Jefe de Gabinete de Ministros, que esta vez fue para el Secretario de Comunicación Pública, Juan Manuel Abal Medina.
Los grandes medios deben haber recibido esta designación con sorpresa y con preocupación.
En el primer caso, porque era evidente que en todos los comentarios y trasecendidos sobre el tema se jugaban -como el establishment económico- para ese puesto por el actual ministro de Planificación Federal Julio de Vido, máxime luego del protagonismo que éste tuvo en lo referido a la comunicación de la nueva política de eliminación de los subsidios a los servicios públicos.
Y con preocupación, si tomamos en cuenta la función actual de nuevo jefe de Gabinete y el último discurso presidencial sobre el tema, en el que exigió la aplicación integral de la nueva ley de Medios, sancionada a instancias del kirchnerismo y cuya puesta en vigencia está demorada por la interposición, por parte de empresas periodísticas, de amparos judiciales contra ciertos artículos de la misma.
Otra sorpresa debió haber resultado para los columnistas políticos el hecho que Hernán Lorenzino, actual secretario de Finanzas del ministerio de Economía de Amado Boudou, fuera el reemplazante de su mentor, porque junto con el ascenso -que creían ver - de de Vido, destacaban el eclipse del acual ministro y vicepresidente electo.
La designación de Lorenzino, debe ser interpetada también como una prenda de paz dirigido a los acreedores externos, especialmente los nucleados en el Club de Paris, y como una nueva evidencia de la necesidad de emitir nueva deuda, debido a las estrecheces fiscales, cada vez más evidentes.
En suma, los hombres mejor informados sobre la política argentina, por tercera vez en menos de seis meses, advierten que la realidad no se acomoda a sus deseos, y que la presidenta, quien en soledad, armó su campaña electoral, designó a los candidatos, ganó las elecciones en forma abrumadora, se dispone ahora a iniciar su segundo período presidencial, sin deberle nada a nadie y sin tomarlos en cuenta.-
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