lunes, noviembre 20, 2006

Ha muerto el padre de la economía chilena


Milton Friedman, máximo exponente del monetarismo, jamás imaginó que un país pequeño, pobre, debilitado económica- y diplomáticamente, terminaría siendo uno de los conejillos de indias que más tributos le ha rendido a su obra.

Las miles de personas que se manifestaron en Estocolmo en contra de la decisión del comité noruego del premio Nóbel, de ortogarle el máximo reconocimiento en economía a quien era acusado de ser consejero del régimen de Pinochet en 1976, hicieron de la entrega de su galardón un evento particularmente polémico.
Sin embargo, con el anuncio de su muerte al mundo el 16 de Noviembre, quedó igualmente establecido que los bochornosos incidentes de 1976, nunca lograron hacerle peso a la historia.

Hoy en Chile y gran parte del mundo, el legado de Friedman es indiscutiblemente una gran realidad.
Una realidad que, por mucho que algunos lamenten (entre quienes hasta cierto punto me incluyo),
o que por conveniencia les acomode negarla o disfrazarla, reclama ser reconocida.

El advenimiento de la era del monetarismo comenzaría en 1967, cuando al dirigirse a la audiencia del “American Economic Association”, Friedman se atrevió a predecir lo que muy pocos expertos de la época hubieran querido imaginar; que un proceso de estanflación; es decir, un aumento simultáneo del desempleo y la inflación, amenazaba a las economías occidentales.

Hasta ese momento, el paradigma imperante indicaba más bien la existencia de una relación inversa entre inflación y desempleo; supuesto especialmente popular entre los políticos, porque les creaba espacio para aplicar “políticas pro-empleo” en desmedro del control inflacionario.

En cambio Friedman afirmaba que siendo la inflación; “siempre, y en todo lugar un fenómeno monetario”, era fundamental para la promoción de un desarrollo económico estable, un estricto control de la inflación, a través de una política monetaria rígida.
De este modo y contrariamente al keynesianismo preponderante del periodo de la post-guerra que animaba al sector público a intervenir en el mercado, el renovado liberalismo que impulsaba Friedman, abogaba abiertamente por la inhibición del estado en la economía.

Para los monetaristas, el estado puede cumplir un rol clave en el desarrollo económico, si se preocupa de liderar un proceso de autolimitación de su propio rol en la economía, concentrando su campo de acción al logro de un riguroso equilibrio fiscal y a la promoción de un proceso de privatización y liberalización comercial.

Fue así que el régimen de Pinochet, a través de los herederos del pensamiento monetarista, los “Chicago Boys” decidió hacer frente al persistente cuadro inflacionario que afectaba a la economía chilena a mediados de los 70’.

No hay acuerdo unánime sobre el impacto que la corriente monetarista ha tenido para el desarrollo y performance económico del país.
Mientras que los seguidores de Friedman destacan el milagro económico chileno con el sólido crecimiento económico a partir de 1985, sus detractores destacan la gran crisis económica que experimentó Chile bajo el monetarismo a comienzo de los años ochenta.

De igual forma hay quienes han criticado el “triunfo del monetarismo” bajo condiciones extremas de intolerancia a la disidencia, y a la participación de la sociedad civil chilena durante el periodo de su aplicación.

En relación a la primera crítica, Friedman destacó las circunstancias externas que rodearon la agudización de la crisis chilena de los años ochenta. En este caso, el infortunio que supuso adoptar un sistema de cambio fijo en relación al dolar, en los momentos en que EEUU decidió aplicar una política monetaria tan rígida, que terminaría por sumergir a toda la economía internacional en una gran recesión .

Aún cuando el sistema de cambio fijo adoptado por el régimen militar colapsó, y el crecimiento económico se revirtió violentamente; llevando los índices de desempleo a niveles históricos en los primeros años de la década de los ochenta, el régimen militar sólo abandonó temporalmente la tesis fundamental del monetarismo; reiniciándose nuevamente su implementación tan pronto la economía comenzó el proceso de recuperación.

Han pasado tres décadas desde que Friedman visitó Chile, e inauguró el cambio radical que estructuraría el desarrollo económico del país.
La atracción irresistible que el programa económico de Friedman despertó entre quienes se unían por un desprecio común por el modelo de economía socialista, ha llevado a muchos a apuntar a Friedman como un ultra-conservador. A estas críticas Friedman una vez respondió:

“Yo no soy conservador. Nunca lo he sido. Nosotros somos radicales, porque realmente queremos llegar al fondo de las cosas. Nosotros somos más bien liberales, pero en el buen sentido de la palabra......y no liberales cuando equivocadamente se usa el término para referirse a la gente que tiene una actitud “liberal”, pero con el dinero ajeno (con los impuestos de los contribuyentes)”

Para tranquilidad de Friedman y sus seguidores, la mantención del modelo económico por parte de todos los gobiernos democráticos post- Pinochet en Chile, no sólo ha reivindicado la fuerza de las premisas fundamentales del monetarismo, sino también se ha preocupado de desmoronar el argumento de quienes han querido asociar su implementación y viabilidad con la permanecia de régimenes sustentados por la falta de garantías y libertades fundamentales.

Si muchos de los enconados críticos del monetarismo de Friedman y de las políticas económicas implementadas bajo el régimen militar, se han esmerado tanto en profundizar y perfeccionar la base económica construída a partir de sus premisas fundamentales, no es entonces una exageración afirmar que el legado de Friedman es la obra de un gran revolucionario, pero de un revolucionario pragmático y visionario.

Carlos Salas Lind
carlos@comxnet.dk
www.carlossalas.com

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