viernes, diciembre 01, 2006

El ocaso de la era de Castro


La ausencia de Fidel Castro en la ceremonia más importante con motivo de los festejos por sus 80 años, vuelve a poner en duda la versión oficial cubana en relación a la gravedad de su estado de salud.

Cabe recordar que frente a las especulaciones hechas por el gobierno norteamericano sobre las condiciones físicas del líder cubano después de ser sometido a una larga operación en el mes de Julio, la Habana respondió escueta-, pero hábilmente que siempre las administraciones norteamericanas han especulado sobre la salud de Castro; y que de la misma manera siempre se han equivocado.

Estas declaraciones fueron acompañadas de imágenes de video y fotos de un convaleciente, pero sonriente Castro junto a su amigo, Hugo Chávez.
Indudablemente que esta estrategia sirvió para desmoronar las versiones de algunas fuentes norteamericanas que no sólo hablaban de un Castro moribundo, sino incluso hasta sobre un deceso mantenido en secreto.

Pero hoy la discusión y las teorías sobre el verdadero estado de salud de Fidel Castro no pueden ser contrarestadas con imágenes o declaraciones ingeniosas, porque esta vez las señales apuntan a una situación excepcional.

Baste considerar que los oficiales del régimen cubano siempre señalaron que a estas alturas, Castro estaría en condiciones de aparecer en gloria y majestad en la ceremonía que daría inicio a una serie de actividades programadas con motivo de los grandes festejos por los 80 años del presidente cubano.

Sin embargo, en octubre la revista “Times” ya había publicado un reporte reservado, entregado por un funcionario del departamento de estado norteamericano, sobre la enfermedad terminal que padecería Castro.
Estas conclusiones estaban basadas en evaluaciones que expertos habían realizado sobre la magnitud de la operación, y el notorio debilitamiento post-operatorio que ha seguido experimentando el líder cubano.

Ante la incertidumbre que estos reportes crearon, es lógico inferir que era de gran interés para el régimen cubano, el que se cumpliera la esperada presencia (aunque breve) de Fidel Castro en la manifestación en su honor realizada ayer en el teatro Karl Marx de la Habana.

De tal forma que la ausencia de Castro en estos festejos, sólo puede ser interpretada como una admisión involuntaria de su delicado estado, y como un golpe a los intentos de su círculo más cercano de tender un manto sobre la creciente posibilidad de que Castro, no vuelva a ejercer el poder absoluto en la política cubana.

Y aunque para los adversarios acérrimos del líder cubano esta información despierta renovadas expectativas, no es menos cierto que después de tan largas décadas; el modo en que se inicia el ocaso de Castro, nunca fue el más deseado por sus enemigos.

Carlos Salas Lind
www.carlossalas.com

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