martes, octubre 24, 2006

Octubre 1956: El breve sueño Húngaro que hizo tambalear a un imperio.

“En menos de dos semanas, los Húngaros disolvieron a la policia secreta, declararon la libertad de expresión, anunciaron el retiro de Hungría del Pacto de Varsovía y quebraron la columna vetebral del régimen dictatorial comunista, poniendo fin al sistema de partido único”

50 años despúes del alzamiento Húngaro contra el proyecto hegemónico de la ex-Unión Soviética, las calles de Budapest vuelven a ser escenario de muestras de descontento.

Esta vez en contra de las mentiras “públicas”del Primer Ministro Socialista Ferenc Gyurcsany, en cuanto al estado de la economía Húngara en las pasadas elecciones.

Sin embargo para suerte de Hungría, la comparación sólo puede extenderse a éso, a la presencia de manifestantes en las calles de Budapest.

Todo lo demás marca una diferencia abismante entre el derecho y la posibilidad de demostrar el rechazo a un gobierno debilitado en su credibilidad, y el sacrificar la vida para terminar con un regimen intrínsicamente opresor.

La historia cuenta que en las calles de Budapest el 23 de Octubre de 1956, lo que comenzó como una tímida multitud de estudiantes, terminó apostando a que el valor bastaría para ganar la solidaridad del mundo libre y lograr disuadir a un poder en apogeo.
Entre tanta desgracia Hungría se conformaba con recuperar por lo menos el status que habían logrado con el término de la II Guerra Mundial y que era estar bajo control tripartito de USA, Gran Bretaña y la Unión Soviética.

El inicio de la Guerra Fría y la llegaba fraudulenta del bloque pro-soviético al poder en 1947, había abortado cualquier posibilidad de correr la cortina de hierro y de poder participar del proceso democrático y de reconstrucción que unía a viejos enemigos en Europa Occidental.

Siete años antes, la ex Unión Soviética había realizado su primera prueba nuclear, por lo que los extendidos límites de su esfera de poder en Europa, ya no estaban sujetos a negociaciones de ningún tipo.

Ante esta cruda realidad la frontera común entre la ex-Unión Soviética y Hungría, convertía cualquier ilusión de los Húngaros de poder mirar a Occidente, en un asunto de extrema gravedad para los planes de Moscú.

Pero a pesar de estar a las puertas del imperio, Hungría se dio el gusto de despreciar al totalitarismo.

En menos de dos semanas, los Húngaros disolvieron a la policia secreta, declararon la libertad de expresión, anunciaron el retiro de Hungría del Pacto de Varsovía y quebraron la columna vetebral del régimen dictatorial comunista, poniendo fin al sistema de partido único.

Es decir en menos de dos semanas los Húngaros habían logrado lo que todo Occidente soñaba para el resto del mundo, y que era el desmantelamiento total de las bases del proyecto expansionista Soviético.

La provocación era imperdonable y Moscú hizo sentir su ira.

El 4 de Noviembre las fuerzas Soviéticas responden con un ataque masivo y contundente, apoderándose de todos los centros productivos del país.
Enfrentados al avance arrollador del ejercito rojo, el gobierno interino Húngaro hace un dramático llamado a quienes por cierto también se beneficiarían con la libertad de Hungría; Occidente.

“Yo apelo a los grandes poderes del mundo para que tomen una decisión sabia y valiente en el interés de mi nación esclavizada, y de la libertad de todas las naciones de Europa Oriental.
¡Que Dios protega a Hungría!”
. (Ministro de Estado Húngaro Istvan Bibo).

Las declaraciones de solidaridad con Hungría, ni siquiera servirían para detener el brutal ajuste de cuentas de Moscú, ni mucho menos para evitar que cerca de 200.000 Húngaros tuvieran que huir del país.

Sin embargo el alto precio del atrevimiento Húngaro no fue en vano.

La breve revolución Hungara desenmascaró irremediablemente al "idealismo" Soviético;
demostrando que con la muerte de Stalin y las denuncias de sus horrendos crímenes por parte de Nikita Khrusjtjov en Febrero de 1956, no se había iniciado un proceso de humanización del comunismo.

Frente al mundo, los Húngaros habían luchado para suprimir todo lo “maravilloso”que caracterizaba a la alianza fraterna de los pueblos socialistas, y ese golpe persiguiría a los ideólogos del Kremlin.

Es así que 12 años después, los Checoslovacos y la Primavera de Praga se preocuparían de recordarles, a quienes habían olvidado la suerte de Hungría, que con la destitución de Khrusjtjov, los planes y métodos de la ex-Unión Soviética tampoco habían cambiado.

Carlos Salas Lind
carlos@comxnet.dk

1 comentario:

Anónimo dijo...

Esto me recuerda lo que ocurrió muchos años después en Estonia y su Revolución del Canto. Y en otras repúblicas bálticas que lograron su independencia de una debilitada URSS antes de la caída del muro de Berlín. Toma tiempo pero sí se pude.